Bosnia en 14 fotografías


Casi 20 años han pasado desde el fin de la sangrienta guerra de Bosnia, aquella en la que simples vecinos comenzaron a matarse unos a otros por el único hecho de pertenecer a una etnia diferente, es decir, ser serbio, o croata o musulmán en el momento y lugar equivocados.

Casi 20 años lleva el país en paz desde que se redactaron los acuerdos de Dayton, en los que se pactaron los términos fundamentales para la creación del Estado de Bosnia y Herzegovina. El resultado ha sido un país con un complejo sistema socio-político, que demasiado a menudo tiende hacia la paralización institucional y la corrupción.

Casi 20 años y las diferencias continúan a flor de piel. Basta rascar mínimamente la superficie para encontrarlas. El país cambia por completo si hablas con alguien en el sur del país, en Herzegovina, a si lo haces en la capital, Sarajevo, o en la zona Serbia, en la autónoma República Srbska.

Casi 20 años y las discrepancias étnicas y los nacionalismos, los que llevaron al infierno a la antigua Yugoslavia, están lejos de desaparecer.

SARAJEVO

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El pasado mes de febrero se extendieron unas protestas generalizadas por todo el país. "Fueron tres días de anarquía", aseguraba Rade, un joven de Tuzla presente en primera línea de choque. "Todo el mundo tenía sus propias razones para salir a la calle a protestar". El país sufre un paro masivo que afecta a más del 40% de la población. La corrupción es la otra gran lacra económica. Entre la población se ha extendido la idea de que esta ha alcanzado todos los rincones de la vida política y social.

Durante las protestas, que comenzaron en la ciudad de Tuzla, los jóvenes (y no tan jóvenes) bosnios dejaron a un lado sus diferencias étnicas para pelear juntos por un futuro digno. Los resultados todavía están por llegar. Nadie espera que estos lleguen tras las próximas elecciones generales de octubre.

Un pequeño grupo de personas con pancartas y banderas en el centro de Sarajevo es todo lo queda de aquellos días.

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La biblioteca de Sarajevo vuelve a brillar con todo su antiguo esplendor. Tras ser destruida e incendiada por las tropas serbias durante el asedio de la ciudad, el majestuoso edificio acaba de volver a abrir sus puertas al público. "El Reino de España" ha sido uno de los actores internacionales que más ha contribuido económicamente a su reconstrucción.

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Durante este año Sarajevo celebra el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. En esta esquina comenzó. El archiduque Francisco Fernando, el heredero al Imperio Austro-Húngaro, y su esposa Sofía fueron asesinados aquí por Gavrilo Princip, un chaval serbio-bosnio de 18 años.

Y nada más. Ahí acaba, prácticamente por completo, el idilio de Sarajevo y Bosnia con la Gran Guerra, aunque la población quiere sacarle el máximo provecho. Edo, por ejemplo, un jubilado de Sarajevo que ha construído él solo un coche a imagen y semejanza del de Francisco Fernando a partir de un Land Rover. Lo montó en apenas tres meses, con motivo del centenario, y ahora lo utiliza para dar pequeñas vueltas turísticas por la ciudad y sacar un dinero extra a los entusiasmados visitantes. Sin papeles, sin seguro. "¿Y si te para la policía?", le pregunto. "Ah, sorpresa".

SREBRENICA

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8.372 bosnios musulmanes, civiles, desarmados, fueron asesinados en unos pocos días por las tropas serbo-bosnias de Ratko Mladić. El memorial/cementerio de Potočari, a pocos kilómetros del pueblo de Srebrenica, recuerda lo que allí ocurrió, la mayor matanza en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, para que nunca se olvide. Recordar y enseñar, algo para nada fácil en un país todavía dividido por etnias y nacionalismos.

Según me contaba un joven serbio, en la República Srbska, donde se encuentra Srebrenica, durante la educación primaria las clases son diferentes, dependiendo a qué etnia pertenezcas, en las siguientes asignaturas: Religión, Lengua, Historia y Geografía. Sobre el genocidio no estudian absolutamente nada. "A partir de los 90 lo damos de paso, apenas nada de la guerra, ni de Srebrenica".

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Familias enteras fueron masacradas en los alrededores de Srebrenica. El área había sido declarada "zona segura" por la ONU, así que miles de familias acudieron en busca de protección. No obstante, las tropas holandesas de las Naciones Unidas entregaron todos los civiles a las fuerzas serbo-bosnias, que pusieron en marcha un planificado genocidio, según fue sentenciado por el Tribunal Internacional de la Haya para la Antigua Yugoslavia. Miles de mujeres y niños fueron deportados; los hombres, conducidos en autobuses frente a pelotones de fusilamiento.

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El Consejo de la Juventud de Srebrenica trabaja por la cohesión social y la integración de las diferentes etnias. "Cada vez hay menos y menos nacionalismo entre los jóvenes", me cuenta Nemanja, el presidente. Sin embargo, conversaciones más largas transmiten la sensación de que no es del todo así. Un ejemplo es Darko, un serbio de Srebrenica de 18 años que acaba de terminar el instituto. Su intención es unirse al ejército porque quiere "estar preparado" en caso de que su país "le necesite". Y por su país no entiende Bosnia, sino la República Srbska. "Tampoco me importaría ir a Serbia si allí me necesitan". Al preguntarle por el genocidio de Srebrenica, baja la voz y asegura que es que le cuesta hablar de ello porque tiene amigos musulmanes. Su punto de vista coincide con el del gobierno regional de la República Srbska, esto es que las cifras de la masacre se han exagerado y que se han olvidado por completo las matanzas sufridas por las poblaciones serbias.

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En la zona este del país, cerca de la frontera con Serbia, donde se encuentra el pueblo de Srebrenica, las casas son de tres tipos: nuevas, bonitas y normales; nuevas, feas y a medio hacer, con el ladrillo y el cemento al descubierto; o viejas, tristes y destrozadas. Son la muestra más evidente de las dificultades que aún tiene Bosnia para volver a empezar.

Las graves inundaciones sufridas hace un par de meses han agravado la ya de por sí complicada y delicada situación económica de muchas familias, que a duras penas consiguen llegar a fin de mes.

CERSKA

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Cerska es una pequeña población del este de Bosnia, no lejos de Srebrenica. Aquí, pasados casi 20 años desde el fin de la guerra, se continúa necesitando apoyo internacional para poder llevar unas vidas normales. Organizaciones extranjeras como la fundación internacional italiana "Il Giardino Delle Rose Blu" mantienen proyectos en la zona desde hace años.

La mayor preocupación son los niños, una nueva generación que no ha vivido las barbaridades de la guerra, pero sí las miserias de las posguerra. En la imagen se ve la escuela (el edificio de la izquierda) y el pequeño campo de fútbol sala y los columpios en el que los más pequeños pasan las horas.

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La escuela fue construida con fondos del Estado Holandés y de las Naciones Unidas. El primer piso ha quedado espléndido, nada lujoso, pero lleno de accesorios útiles e instalaciones funcionales, como cuarto de baño y cocina. El segundo y el tercero todavía lucen el gris oscuro del cemento: no están acabados. Ninguna clase se puede dar en esas habitaciones. Nadie espera allí que se finalicen.

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El fútbol es la única esperanza de muchos niños que viven en zonas donde reina la pobreza. Cualquier rincón es bueno para guardar porterías, como la segunda e inacabada planta de la escuela de Cerska. De hecho, el fútbol es una de las pocas cosas que cohesiona el complejo país que es Bosnia. Con su clasificación para el Mundial de Brasil, la selección nacional logró un fervoroso sentimiento de pertenencia al país, por encima de las diferencias étnicas, religiosas y, supuestamente, idiomáticas.

BANJA LUKA

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Situada en el norte de Bosnia, Banja Luka es la capital de la República Srbska. Allí uno tiene la sensación de haber entrado en un nuevo país, en uno en concreto, en Serbia. El ambiente de la ciudad, las señales de tráfico en cirílico y la omnipresencia de las iglesias ortodoxas, como la catedral del Cristo Salvador de la foto. No podía ser de otra manera, pues los políticos serbo-bosnios llevan ya mucho tiempo tonteando con la posibilidad de separarse del resto del país. Sobre todo su presidente Milorad Dodik, el hombre fuerte, primero como primer ministro y ahora como presidente.

La República Srbska es una de las dos entidades en las que se divide el país; la otra es la Federación de Bosnia y Herzegovina. Dodik mantiene viva entre sus votantes la posibilidad de organizar un referendum de independencia, a pesar de las amplias y variadas competencias que ya poseen. Lo hace porque, según muestran todos los sondeos, un sí sería el resultado abrumador. Para darle legitimidad a sus ansias de consulta, pone el ejemplo de Escocia y Cataluña, algo realmente paradójico, pues Cataluña ha invertido mucho en la reconstrucción de Bosnia, en un intento de identificarse con este pueblo y sus ansias de independencia de otro que le pretendía imponer la unidad, es decir, los serbios.

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La mezquita vallada es solo una casualidad, la UNESCO trabaja para rehabilitarla, pero sí es una realidad que los bosnios musulmanes en Banja Luka y en toda la República Srbska son minoría. ¿Entonces qué frena a Dodik y las demás fuerzas políticas a plantear abiertamente un referéndum? Parece que, al menos, tres cosas:

- La ciudad de Brčko evitaría la unidad territorial del supuesto nuevo estado. Esta era la intención de los acuerdos de Dayton. Brčko tiene una administración especial, independiente tanto de la República Srbska como de la Federación de Bosnia y Herzegovina. Su posición es demasiado estratégica, junto a la frontera croata y en la zona bosnia de influencia serbia. Ninguna de las tres partes quería renunciar a ella, y esta fue la única solución posible. - Rusia, la potencia que tendría que respaldar de forma contundente su independencia, está ya suficientemente ocupada apoyando independencias de poblaciones rusas. No obstante, si a Putin le apetece seguir tirando de la cuerda con la Unión Europea, Estados Unidos, la OTAN y demás, la República Srbska puede ser un objetivo relativamente sencillo. - Tras la independencia, una posible anexión a Serbia sería más que probable. Eso se traduciría en una significativa pérdida de poder de los cargos políticos actuales. Seguro que no es algo que ni a Dodik, ni a los demás cargos de la Administración, les apetece lo más mínimo.

MOSTAR

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El puento viejo de Mostar lleva 10 años conectando la ciudad sobre el río Neretva. Fondos y militares españoles echaron una mano para su reconstrucción, pues la artillería enemiga se lo llevó por delante durante la guerra. No obstante, a pesar de una década de conexión logística y simbólica, las diferencias no desaparecen.

En Mostar y el resto de la zona sur del país, las choques más violentos se produjeron contra el ejército croata, no el serbio. Las diferencias territoriales que se produjeron durante los enfrentamientos todavía se mantienen hoy vivos: musulmanes al este y católicos al oeste.

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Durante la Yugoslavia de Tito, cuando nadie podía pensar en que Bosnia y los Balcanes se convertirían en el escenario de una brutal guerra, Mostar fue un importante centro industrial. "Antes había seis grandes fábricas aquí, todo el mundo tenía trabajo. Se vivía muy bien", asegura un antiguo empleado de seguros reconvertido en chófer turístico tras la guerra. Hoy en día la situación se encuentra en el extremo opuesto. "Aquí los jóvenes no tienen ninguna oportunidad. Al acabar la carrera, lo único que pueden hacer es trabajar en alguna tienda o restaurante", cuenta en una joven bosnia que vivió refugiada en España durante los años más duros del conflicto.

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